
Shock o impacto agudo
Algo
ocurre generalmente de manera súbita que afecta al individuo o la familia
profundamente, sin poder evitarlo o superarlo de la manera habitual en que hace
frente a otros problemas. Junto al estrés propio de la situación se añaden
sentimientos de confusión e impotencia, desamparo y desvalimiento.
En
esta fase predominan sentimientos de ansiedad, irritabilidad y manifestaciones
psicosomáticas. También pueden presentarse sentimientos de entusiasmo y aumento
de energía.
Desorganización crítica

En
esta fase fallan todas las estrategias habituales de afrontamiento y resolución
de problemas, la tensión emocional aumenta hasta niveles insoportables.
Suelen
iniciarse diversas actividades destinadas no necesariamente para resolver o
mejorar la situación de crisis, sino simplemente para escapar de ella o para
descargar la tensión acumulada.
Es
posible que se manifiesten conductas psicopáticas o “fuera de carácter”,
diversos tipos y grados de abuso de tóxicos, conductas autodestructivas y
episodios emocionales bruscos. Es posible que también se busque ayuda las
cuales pueden ser programadas y bien estructuradas o ser “gritos de socorro”
ineficaces y atropellados. Según se empieza a hacerse evidente la insuficiencia
de recursos internos y su disparidad con las exigencias de la situación, se
hacen más notorios los sentimientos depresivos de indefensión y fracaso en
distintos grados.
Resolución
Entre
las múltiples actividades que el sujeto despliega ante el impacto inmediato de
la situación, alguna puede tener éxito y la crisis se resuelve casi sin llegar
a plantearse. Pero en el desarrollo típico de una crisis, los primeros intentos
de contraataque suelen fallar, y el individuo permanece con presión interna por
hallar una solución:
a)
Descubrir nuevas estrategias de afrontamiento
b)
Encontrar nuevas fuentes de ayuda, formar nuevas relaciones o trabajar con
profesionales o consejeros varios
c)
Reducir las demandas con las que debe trabajar
d)
Cambiar la manera cómo interpreta su situación
Retirada final
Si
la crisis no se resuelve, bien o mal, en las fases anteriores, se llega a la
fase final: la retirada puede ser total, como a través del suicidio o separación
de la familia, o parcial que puede ser interna, como a través de una
desorganización psicótica o una estructura delirante o externa como un cambio
radical de entorno, relaciones, actividad y hasta de nombre. En cualquiera de
estos casos, la crisis termina, sea por la muerte, sea por la negación de sí
mismo que supone la psicosis, sea por la renuncia a todo lo vivido hasta el
momento de la crisis y el inicio de una nueva vida.
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