
Según la RAE, una crisis implica:
” Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en
que estos son apreciados.”
Por otra parte, Hamilton, Mc Cubbin y Fegley en su libro Stress and Family conceptualizan
las crisis como un aumento de la disrrupción, desorganización o incapacidad del
sistema familiar para funcionar. La familia en crisis se caracteriza por la
inhabilidad a retornar a la estabilidad, y a la constante presión a hacer
cambios en la estructura familiar y en los modelos de interacción.
Patterson J. plantea que la crisis familiar se caracteriza por una desorganización
familiar, donde los viejos modelos y las capacidades no son adecuados por largo
tiempo y se requiere un cambio.
A pesar del
enfoque negativo que tienen estos conceptos acerca de la crisis familiar, la
familia en crisis no es necesariamente una familia disfuncional o problemática.
La familia funcional no difiere de la disfuncional por la ausencia de los
problemas. Lo que las hace diferentes es el manejo que hacen de sus conflictos,
no la ausencia o presencia de ellos.
Durante la
crisis existe una organización inestable y transitoria que puede ocasionar
angustia. Pueden aflojarse los límites y confundirse los papeles y las reglas,
los valores y las metas pierden importancia y es posible que se revivan
conflictos irresueltos, los riesgos físicos, psíquicos y sociales son elevados,
sin embargo, aunque se considere a la crisis como un trance peligroso, no
necesariamente debe evitarse, ya que es un proceso que puede promover la
reestructuración de los sistemas (individual, familiar, social) y ayudar a
comprender sus cambios.
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